Temperamento, vínculo y adopción.


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¿POR QUÉ MI HIJO/A ADOPTADO/A…

  • tiene momentos de tanta rabia que no los puede controlar?
  • se frustra tan rápido?
  • en algunos momentos parece más pequeño de la edad que tiene o a veces, en cambio,parece más mayor?
  • después de tantos años con nosotros sigue teniendo miedo?
  • le cuesta demostrarnos que nos quiere?
  • quiere gustar a todo el mundo?
  • le cuesta tanto hacernos caso?

 

Estas son preguntas que muchos de los padres adoptivos y profesionales que trabajamos con la adopción nos hacemos. Por un momento deberíamos dejar a un lado las gafas con las que miramos siempre, ¿es hiperactivo? ¿me toma el pelo y no me hace caso? ¿ no le gusta que le abracen? ¿quiere que le abrace todo el rato?…

Para poder entender el mundo interno de estos niños y así, ofrecerles la ayuda que ellos precisan, es necesario cambiar esas gafas por otras que busquen entender su historia, su desarrollo, sus primeras relaciones afectivas de apego, ya que es esto es lo que modulará su desarrollo y sus relaciones futuras

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Cuando un niño nace en un entorno que le ofrece un contexto bien tratante y seguro, parte de unos referentes competentes que ofrecen respuestas coherentes y consistentes a sus necesidades. Esto significa que el niño puede ir regulando sus necesidades, ya que hay un adulto al que está apegado que le protege y le ofrece lo que necesita. Así aprendemos que cuando tengo hambre y lloro mi mama o papa me darán lo necesario para que esa molestia pase. Esto me permite estar tranquilo y seguro, por lo que puedo dedicar mi tiempo a curiosear mi entorno y relacionarme con los que estén en él.

¿Que ocurre cuando esto no funciona? ¿Qué pasa si lloro y no viene nadie? ¿Qué pasa si lloro y se me responden solo a veces? ¿O si se me responde agresivamente? ¿El miedo se dispara! ya que el bebé se siente totalmente vulnerable y dependiente de unos adultos que no le pueden regular. Así entra en la desesperación de lograr estabilizarse, o bien desconectando o haciendo llamadas de socorro cada vez más elevadas. Aquí inicia la lucha de activar todos los recursos que tenga para llamar su atención, con un miedo intenso debido a la falta de seguridad, y dejando de lado la exploración del contexto y las posibles relaciones. Si esto se perpetua en estos primeros años, los cimientos del desarrollo del niño van a verse inestables, construyendo sobre ellos y haciendo que la casa se tambalee. Aquí nace el apego inseguro.

Como decíamos podríamos plantear dos extremos. En un extremo tendríamos la evitación. Esta se da cuando se utiliza la estrategia de desconexión ante la falta de respuesta o respuesta agresiva del adulto. En este caso, hablamos de que la alarma que nos avisa del peligro, de tanto intentar avisar al adulto sin éxito, se ha estropeado y se desactiva. Esto hace que los niños ante el miedo a ser abandonados, crezcan con la falsa idea de no necesitar a nadie como medida de defensa. La relación es insegura, ya que el otro no está disponible. En el otro extremo tendríamos la ansiedad ambivalente.En este caso el miedo a ser abandonado hace que las relaciones se basen en asegurar la disponibilidad del otro, siendo la demanda y comprobación constante la forma de relación. En este caso la alarma se ha estropeado y no para de sonar.

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Todo esto tiene consecuencias importantes a nivel estructural en nuestro cerebro y hace mucho más difícil la regulación personal. Siegle explica esto de una manera muy sencilla. El cerebro tiene tres niveles que se van desarrollando como nuestra mano.
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El cerebro inferior o cerebro reptiliano Es el más primitivo. Se encarga de los reflejos y repuestas innatas. (Tronco encefálico) En nuestra mano vendría representado por la muñeca.
El cerebro emocional Estaría en el segundo nivel siendo el encargado de procesar las emociones intentas. (Sistema límbico) En nuestra mano vendría representado por el dedo pulgar. Entre este y el primero se sitúa la alarma del peligro que hemos ido comentando anteriormente (amígdala)
El cerebro superior Se iría cerrando el puño hasta conseguir el cerebro pleno. Se encarga del pensamiento y la regulación. (Neocortex) En nuestra mano vendría representado por los dedos poco a poco más cerrados hasta que se completa el puño.
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Cuando una persona se enfrenta a una emoción intensa (rabia, tristeza, miedo…) nuestro cerebro detecta el peligro y la alarma hace despertar todos los mecanismos de defensa. En ese momento está funcionando como en la figura 2. No puede pensar, no reflexiona, no está receptivo. Está con todos los mecanismos de defensa activados. Si ha tenido la suerte de nacer en un mundo seguro, habrá aprendido a ir pasado de 2 a 3 e ir regulando dicha emoción. Pero, ¿qué pasa si viene de un mundo inseguro? El paso de 2 a 3 se hace realmente difícil. No fue regulado cuando era bebé, por lo que no ha podido aprender a regularse, de hecho a veces no siquiera si es posible hacerlo.

¿Eso es que tiene problemas de hiperactividad? ¿Eso es que quiere explotar y hacer daño a otros? ¿Eso es negativismo desafiante?

¡NO! Eso es que en su desarrollo han faltado escalones clave, han faltado los aprendizajes de autorregulación; a pesar de verse expuesto al mismo número de situaciones conflictivas que los demás, incluso de más duras. Estas experiencias tan difíciles han ido haciendo que esta alarma estropeada suene por cualquier detonante mínimo que pueda tener una relación con su historia de vida, que le genere frustración o le provoque miedo al rechazo o abandono. Por lo tanto esta alarma detecta muchos más peligros de los que realmente hay y este cerebro se ve muy a menudo en posición de la imagen 2, con el el cerebro emocional hiperactivado.

En esta charla que realizamos con AFNE pudimos profundizar en estos aspectos y reflexionar sobre el desarrollo y las consecuencias de estas desventajas que sufrieron en la primera infancia en el día a día de nuestros niños y adolescentes. Podéis ver el vídeo en el siguiente enlace:

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